Entrevista a Miguel Ángel Rupérez
Escritor y ajedrecista argentino viviendo en España, Miguel nos cuenta en esta entrevista sobre si, y sus proyectos actuales y futuros
- Para quién no te conoce, ¿Quién es Miguel?
- Soy escritor, ajedrecista y, por sobre todas las cosas, padre de una hermosa nena de 3 años.
- ¿Cuándo comenzaste a escribir?
- En la adolescencia, siempre relatos breves. Era más bien una escritura terapéutica, sin ningún tipo de técnica; una forma de sacar afuera o de transmutar la emoción de la tristeza, de la angustia. Y hace 3 años descubrí que tenía muchísimos cuentos escritos en archivos txt. En general me gustaban las ideas, pero sabía que les faltaba «algo», así que me anoté en varios talleres literarios y me compré muchísimos libros (unos 40) para poder mejorar mi escritura. ¡Ya los leí casi todos!
- ¿Quiénes son tus referentes en la literatura?
- Intento no tenerlos, porque puede ser algo positivo buscar —consciente o inconscientemente— alguien que inspire o alguien a quien uno quiera «imitar», pero a la vez también puede condicionar lo que uno trae naturalmente, o lo que uno quiere decir con su propia forma de contar. Aunque cada vez que leo algo de Anton Chéjov pienso: qué bueno sería hacer algo parecido a esto.
- Teniendo en cuenta que tu libro es de relatos, ¿Tenes un libro que sea tu favorito en este tipo de narraciones?
- No tengo un libro de relatos favorito, más bien tengo cuentistas favoritos, como el mencionado Anton Chéjov, Mario Benedetti, Ray Bradbury, Roberto Fontanarrosa, Abelardo Castillo, Lucas Bruno, y tantos más.
- ¿Implementas alguna rutina al momento de escribir?
- Me encierro en mi estudio con el mate y escucho una lista que me armé en Spotify «Escritura/Inspiración»: son canciones que tienen algo en común, no sé bien qué (aún intento descubrirlo), pero todas me producen una emoción, me conmueven cada vez que las escucho.
- ¿Qué te inspira para crear tus historias?
- No sé si hay algo en específico que me inspire, son más bien ideas que en cualquier momento del día me llaman la atención (por algún motivo que desconozco) y me siento a escribirlas porque quiero ver qué pasa. Muchas veces no sé cómo va a seguir una historia, qué va a pasar con los personajes, y escribo porque tengo curiosidad, casi como si fuera un espectador.
Un ejemplo es el cuento «Lunar»: me desperté a la madrugada con la idea de que a un hombre le salía un lunar en la cara y de a poco le empezaba a crecer. No sabía cómo iba a terminar, pero la idea me atrajo y la anoté. Al día siguiente, escribí el cuento.
- Vivís en España pero naciste en Argentina, ¿Qué es lo que más extrañas del país?
- A mi familia y, en especial, a nuestra cultura. Estas dos cosas muchas veces me hicieron plantearme la idea de volver, pero vivir afuera me da posibilidades extra de dedicarme a lo que me gusta: la escritura y el ajedrez.
En Barcelona todo funciona bien, tanto a nivel económico como de seguridad, y eso es una tranquilidad. Pero los argentinos tenemos una forma de hablar, de relacionarnos, y un humor que es muy diferente. Por eso acá muchas veces terminamos juntándonos todos los argentinos, formando pequeñas «tribus».
- ¿Cuál de los relatos de La Carga Invisible te resultó más fácil de escribir? ¿Y cuál te resultó más difícil?
- El más fácil fue «A ciertas edades», que trata de un soldado que sigue pensando que la guerra continúa a pesar de que terminó hace ya muchos años. Me surgió la idea y escribí el cuento de un tirón: me atraía mucho pensar cómo una persona puede perder la cabeza por una situación que, en el fondo, nada tiene que ver con ella.
Y el más difícil creo que fue «¡Jaque, Bonifacio!», porque lo escribí y reescribí muchas veces hasta que quedé conforme: es la historia de un anciano ajedrecista que le gusta mucho jugar al ajedrez, pero es muy malo y lo derrotan siempre. Y encima no se banca perder. Un día se cruza en un torneo con su archirrival de toda la vida (el otro, ni enterado de esto), y eso le da una motivación extra para intentar vencerlo, a cualquier costo.
- Tenes un podcast donde relatas tus propias historias, ¿Qué te llevó a compartir tu escritura también en este formato?
- Como escritor quiero que mis historias le lleguen a los lectores, que los conmuevan, sea el formato que sea, sin pensar tanto en lo económico. Y como no tenía intenciones de publicar otro libro de relatos, me pareció buena idea dar a conocer todos esos cuentos que escribí después de publicar La carga invisible y grabarlos yo mismo. Además, me divierte hacer la edición.
- Siguiendo con el podcast, ¿Le recomendarías a la gente que te lea o que te escuche primero? ¿O que disfrute de ambos formatos en simultáneo?
- Creo que puede hacerse en simultáneo. A mí, por ejemplo, me gusta leer a la noche, pero cuando viajo en coche o limpio mi casa disfruto mucho de escuchar cuentos. Creo que tanto en el libro «La carga invisible» como en el podcast «Cuentos alrededor del fuego» mantengo mi forma de narrar, que a veces es melancólica, a veces cruda, a veces irónica, y casi siempre intenta profundizar en la psicología de los personajes.
- Además de escritor sos profesor de ajedrez, ¿Qué tanto se entremezclan tus dos profesiones al momento de escribir?
- A veces escribo cuentos de ajedrez, y a veces cuento historias cuando doy clases. Para mí el punto en común que tienen es que en algún momento hay que profundizar, llegar al fondo, si se quiere alcanzar alguna verdad, y en ambos casos debe hacerse a través del pensamiento o de la mente. Y para eso hay que ir un poco más allá del mundo consciente. A veces para dar con una buena idea —o con una buena jugada— no alcanza con el razonamiento puro, y hay que confiar en la intuición.
- ¿Estás trabajando en algún proyecto actualmente?
- La semana pasada terminé de escribir mi primera novela (aún sin título), que tiene unas 50.000 palabras. Ahora mismo estoy en proceso de corrección y espero poder publicarla para principios del 2026. Trata sobre la vida de una familia que vive en un barrio muy pobre de algún país de latinoamérica, año 1960, aproximadamente. Era un desafío para mí tener que hacer algo más largo, toda la vida escribí cuentos y ahora sentía que quería profundizar más en una historia. Lo que me planteé desde el comienzo es que, al igual que los cuentos, no le sobre ni le falte nada. A mí como lector no me gusta cuando leo una novela y detectó el «relleno». Y ahora que la terminé la estoy releyendo para la corrección y, la verdad, estoy muy contento con el resultado.
Pueden leer sus historias en su libro La Carga Invisible, o bien escucharlo en Cuentos alrededor del fuego




